martes, 29 de enero de 2013

Lo que esconde una hamburguesa

  • La mayoría de los preparados cárnicos contienen mezclas de diferentes especies
  • La OCU revela su baja calidad y descubre ADN de caballo en dos marcas en España

¿Quién sabe de lo que está hecha una hamburguesa? A juzgar por lo que encontraron en sus análisis las autoridades sanitarias irlandesas hace un par de semanas, que detectaron un alto porcentaje de ADN de caballo en varias marcas supuestamente de vacuno distribuidas en ese país y Reino Unido, a veces ni siquiera lo saben las propias cadenas de supermercados que las venden. O lo saben pero hacen como que no para echar balones fuera. En este caso, los balones apuntaron a Holanda y España como presuntos culpables de la adulteración, extremo al que en un primer momento dio crédito el ministro de Agricultura irlandés, que así lo anunció a la prensa, y que él mismo ha tenido que desmentir este fin de semana. Dublín señala ahora a Polonia como lugar de origen de la materia prima.
El aviso de la presencia de ADN de caballo en aquellas hamburguesas no iba acompañado de ninguna alerta sanitaria, puesto que la carne, al margen de su procedencia, cumplía con la legislación vigente y no constituía ningún peligro para la salud. Pero ello no evitó que se avivara en la opinión pública, una vez más, la eterna sospecha de que no todas las hamburguesas son lo que dicen ser. Aún más: la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) publica hoy un informe sobre 20 marcas de hamburguesas frescas envasadas comercializadas en supermercados españoles que no anima a superar esta desconfianza. Solo cinco de las marcas analizadas superan, con un aprobado raspado, el examen de calidad de la carne al que fueron sometidas.

De entrada, la OCU detecta el mismo problema que denunciaron las autoridades irlandesas: una falta de transparencia en el etiquetado. Según el estudio, seis de las 20 marcas de hamburguesas analizadas incumplen la obligación de indicar el porcentaje de carne utilizado en su elaboración, lo que además induce a error al consumidor que cree que está comprando un producto que es 100% carne cuando en realidad contiene otros muchos ingredientes: desde proteínas de carne hasta antioxidantes, colorantes o potenciadores del sabor. Estos últimos, apunta el informe, “son inocuos pero pueden enmascarar una baja calidad de la carne”.

El estudio afirma también que 16 de las 20 marcas examinadas llevan sulfitos, otro aditivo que inhibe el crecimiento de bacterias y mantiene el color original de la carne fresca, lo que de nuevo ayuda a disimular una posible merma de calidad de la materia prima. “Esto no tiene importancia cuando el nivel de sulfitos es bajo, pero si es demasiado alto puede ocasionar vómitos, dolores abdominales y, en personas con alergia, dolores de cabeza y náuseas. Y el hecho es que algunas de las hamburguesas analizadas llevan el 90% de la ingesta diaria admisible de sulfitos, lo que significa que la persona que se coma ese producto no debería tomar más en toda la jornada, ni siquiera añadirle mostaza o tomate”, precisa la OCU.

Las autoridades sanitarias aseguran que su consumo es seguro.

“Lo que básicamente se desprende de este estudio es que las distribuidoras están apretando tanto los precios, que llega un momento en que la calidad se resiente. No estamos hablando de un problema de seguridad alimentaria, como tampoco lo hubo al detectarse carne de caballo en Irlanda, pero sí de una merma de calidad que en algunos casos podría constituir un fraude de consumo. Está claro que nadie vende ternera a precio de zanahorias, y existen muchos aditivos para disimular ese posible deterioro de la calidad”, la portavoz de la organización, Ileana Izverniceanu.

El informe de la OCU también revela que dos de las marcas analizadas (Eroski y Alipende) contienen carne de caballo no especificada en la etiqueta. "Es un hecho que la mayoría de los preparados cárnicos contienen mezclas de carne de diferentes especies. De hecho, es muy raro que una hamburguesa de vacuno contenga únicamente vacuno. La normativa permite que se puedan etiquetar como tal las que tienen en torno a un 60% de esta carne, por lo que la mayoría tienen mezclas de otras especies, sobre todo cerdo. Y no solo por una cuestión de precio, sino también para hacerlas más sabrosas. Esto no constituye fraude si está debidamente señalado en la etiqueta. Incluso si las cantidades de otras especies son mínimas, ni siquiera es necesario declararlo”, explica Joaquín Fuentes-Pila, codirector del Máster en Gestión de la Calidad Alimentaria de la Universidad Politécnica de Madrid.

El análisis de las hamburguesas realizado por la OCU recuerda a otro estudio que esta misma organización redactó en 2011 sobre la calidad de la leche y que resultó controvertido por sus conclusiones: la leche que se consume ahora es, en general, más pobre que hace 10 años, a veces es sometida a tratamientos térmicos muy agresivos que degradan sus propiedades e incluso en ocasiones es demasiado vieja y, por tanto, con escasos nutrientes. La polémica llegó a tal punto que la Federación Nacional de Industrias Lácteas lo ha llevado a los tribunales, que de momento, en primera instancia, han rechazado la demanda. “Tampoco en aquel caso estábamos hablando de un problema sanitario y ni siquiera acusamos a ninguna marca de fraude de consumo, porque todas las que analizamos cumplían con la legislación vigente. Simplemente advertíamos, como ahora, de un problema de calidad”, recuerda Izverniceanu.

¿Tiene algo que ver la crisis con la merma de calidad de estos productos? “Es cierto que la coyuntura actual ha generado una presión tremenda sobre el precio. Las grandes distribuidoras quieren vender barato y presionan a los intermediarios, y los intermediarios, a su vez, presionan a los productores. Pero esto no se ha traducido en menor seguridad alimentaria, sino que se ha producido una adaptación de la industria a las nuevas circunstancias: menos productos de lujo y más alimentos baratos de primera necesidad”, asegura Fuentes-Pila.

Los productos se resienten de la creciente presión por bajar precios.

Los datos que maneja el Instituto Nacional de Consumo confirman esta opinión. “El grado de cumplimiento de la legislación es bastante alto. Lo normal es que encontremos pequeños problemas de etiquetado: errores en las indicaciones sobre el peso y omisiones de ingredientes. En todo caso, podría haberse producido un aumento de estas prácticas sobre todo en circuitos marginales, que se mueven fuera de los canales oficiales de comercialización y a veces escapan a los controles oficiales. Los gigantes del sector, las grandes marcas y las cadenas de distribución se juegan demasiado, en prestigio y dinero, para arriesgarse a ser señaladas en cualquier problema de seguridad o fraude alimentario”, afirma Carlos Arnaiz, subdirector general de Calidad del Instituto Nacional de Consumo.

La Federación Española de Alimentación y Bebidas (FIAB), no ha querido comentar el estudio sin conocer todos su detalles, pero un portavoz asegura que "los estándares de calidad españoles son altísimos".
La portavoz de la OCU coincide en que los controles son exhaustivos en los puntos de producción, pero no tanto en la distribución. “Los principales problemas los solemos detectar no en las primeras fases de producción de la cadena alimentaria, sino en los puntos de venta”, advierte Izverniceanu. Y como ejemplo expone de nuevo el informe de la leche: “No es que las vacas den peor leche que hace diez años, sino que el producto se degrada en el camino a la tienda. Por eso creemos necesario intensificar los análisis en los puntos de venta, una vez que ha terminado todo el proceso de tratamiento y distribución”, explica.
Más controles en las tiendas y más claridad sobre el origen de los alimentos en el etiquetado. Es la principal demanda de las asociaciones de consumidores a las autoridades alimentarias para reforzar la seguridad y prevenir los fraudes. Según otro estudio de la OCU, la mitad de los españoles estarían dispuestos a pagar un 5% más para conocer la procedencia de los productos. Por varias razones: “Por saber el recorrido que han hecho antes de llegar a la tienda, por apoyar a la agricultura o la pesca de una región concreta, por cuestiones éticas o porque esa información les ofrece más confianza en el producto”, precisa el informe.

A mayor número de intermediarios, más posibilidad de irregularidades.

Las hamburguesas y la leche son dos de los alimentos más vigilados por las autoridades, porque tradicionalmente han estado bajo sospecha. Pero también el aceite de oliva, el azafrán, las conservas o la miel. En general, según el Instituto Nacional de Consumo, los principales fraudes se registran en alimentos cuyo origen no es identificable a primera vista. “Entre ellos, los productos cárnicos procesados: embutidos, patés, piezas que contienen mezclas de especies no declaradas (pato que en realidad es pollo), o con trazas de otras y por supuesto, hamburguesas”, explica Arnaiz. “Los lácteos y las conservas de pescado son otros focos de fraude. Quesos puros de oveja que contienen leche de vaca, atún en lata que no es solo atún, etcétera”, añade.

Los gigantes del sector extreman el cuidado porque se juegan mucho

En 2009, un simple trabajo universitario sobre técnicas de análisis de ADN realizado por dos estudiantes de Nueva York, Brenda Tan y Matt Cost, reveló un alto nivel de fraude en las tiendas de Manhattan. De los 66 productos que analizaron, 11 no contenían lo que señalaban sus etiquetas: quesos con mezclas de especies no declaradas, un supuesto caviar de esturión que en realidad procedía de un pez del río Misisipi, un manjar llamado “tiburón seco” hecho con perca africana, o alimentos para perros que deberían contener venado, pero que en realidad tenían vaca.

Otro reciente informe de la OCU destapaba que nueve marcas de aceite de oliva están engañando al consumidor al vender aceite etiquetado bajo la variedad “extra” cuando su categoría real es simplemente “virgen”, lo que significa que se está comercializando un producto a un precio superior del que le corresponde, casi un euro más. La organización denunció el fraude a las autoridades de consumo de las comunidades autónomas el pasado octubre, pero pocas han respondido. “Únicamente Andalucía, País Vasco y Cataluña nos han dado acuse de recibo, y solo Cataluña ha iniciado una investigación”, revela la portavoz.

¿Cómo consiguen todos estos productos fraudulentos superar los controles de producción y etiquetado hasta llegar a las tiendas? ¿Dónde está el agujero? “Cuanto más larga sea la cadena de producción y distribución, más incumplimientos se registran. Es decir, cuantos más intermediarios intervengan, más posibilidades hay de desviaciones o de que los sistemas de control no funcionen correctamente en algún punto del proceso”, comenta Arnaiz.
Esto explica por qué, según Joaquín Fuentes-Pila, las principales irregularidades se detectan sobre todo en alimentos importados, especialmente de fuera de la UE. “La legislación comunitaria es exhaustiva y es difícil que se produzcan problemas graves con los controles que se realizan dentro de los Estados miembros. Pero cuando los alimentos proceden de otros países con regulaciones menos estrictas es más probable que se produzcan escapes en la cadena de vigilancia. Quizá sería conveniente reforzar los controles en las fronteras europeas”, opina.

Son las consecuencias de vivir en un mercado globalizado: lo que empieza como un pequeño fraude en un país puede acabar convirtiéndose en un problema sanitario de consecuencias mortales en otro punto del planeta. La mayoría de las veces este alargamiento de la cadena es culpable de ciertas crisis alimentarias, como afirman los expertos, pero en otras ocasiones es simplemente una excusa para echar rápidamente balones fuera, como ha ocurrido con la carne de caballo en Irlanda. “Hay que entender que, por razones culturales, tanto para los irlandeses como para los británicos, comer carne de caballo es casi un sacrilegio. De ahí que el ministro se precipitara buscando culpables. Afortunadamente, el asunto se ha aclarado rápidamente y no ha ocasionado consecuencias para la industria española”, comenta Fuentes-Pila.
No ocurrió así con la llamada crisis del pepino en la primavera de 2011, que dejó más de 50 muertos en Francia y Alemania a causa de una infección cuyo origen se atribuyó en principio a pepinos españoles y acabó siendo culpa de unos brotes de soja cultivados en Alemania. ¿Qué es mejor en estos casos: lanzar alertas preventivas que pueden causar grandes pérdidas económicas a quienes no tienen culpa, o esperar a confirmar el origen de la epidemia, con riesgo de que mientras tanto se extienda? “No hay una única receta para esto. Cada situación es distinta y lograr un equilibrio es difícil. A veces tienen que pagar justos por pecadores”, reconoce Fuentes-Pila.

viernes, 18 de enero de 2013

Solo un 54% de los españoles cumple con las recomendaciones de la pirámide alimenticia

El acceso a un abanico más amplio de alimentos no garantiza una dieta más equilibrada, como lo demuestra el hecho de que solo un 54% de los españoles cumpla con las recomendaciones clásicas de la pirámide alimenticia, lo que favorece un aumento progresivo de la obesidad. Lo ha asegurado así el catedrático de Nutrición y Bromatología de la Universidad CEU San Pablo y presidente de la Fundación Española de Nutrición (FEN), Gregorio Varela, durante una jornada organizada por la Red Española de Ciudades Saludables de la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP) celebrada en el Ministerio de Sanidad, en la que ha reconocido que "se puede considerar un fracaso para los nutricionistas".
"La mayor disponibilidad no parece que ayude a una mejora de la dieta, ya que puede ser bueno si se elige bien, pero menos bueno cuando no se lleva una correcta selección de alimentos", según este catedrático, que ha criticado que actualmente haya cerca de 30.000 productos a nuestra disposición cuando "nuestras abuelas apenas manejaban unos 100 alimentos". Esto, según Varela, ha modificado "inconscientemente" nuestros hábitos alimenticios, como muestra el hecho de que en España haya disminuido el consumo de verduras y frutas (unos 320 y 300 gramos de media al día, respectivamente) y, en cambio, se registre un incremento considerable en el grupo de carnes y derivados (unos 180 gramos al día).

Además, estudios recientes han evidenciado un incremento del consumo de bebidas no alcohólicas y un descenso de alimentos básicos como los cereales o las legumbres. De hecho, un alimento básico como el pan, del que hace unos 50 años se consumían una media de 360 gramos diarios, ha reducido su consumo a casi un tercio (134 gramos diarios), mientras que el consumo de aceite, alimento clave en la dieta mediterránea, se ha reducido a la mitad.

"Necesitamos un SOS", según Varela, que lamenta que la Europa mediterránea contara con un modelo alimenticio "muy variado" gracias a la dieta mediterránea, del que ahora "nos hemos alejado pese a que otros nos copian". Todo ello, avanza Varela, se refleja en un "alarmante" aumento de sobrepeso y obesidad también en población infantil. De hecho, los datos del estudio Thao publicados hace un año revelaron que hasta el 23,5% de los niños de tres a cinco años tiene sobrepeso y obesidad, y un 7,3% puede considerarse obeso.

Ante estos datos, la secretaria general de Sanidad, Pilar Farjas, ha animado a los ayuntamientos y el resto de corporaciones locales a que apuesten por "urbanismos saludables" e informen a sus ciudadanos de las ventajas de practicar ejercicio físico y llevar una alimentación saludable. "Lo que elegimos para comer, el momento y cómo lo elegimos supone un estímulo hacia una alimentación más equilibrada", ha asegurado la número dos del departamento que dirige Ana Mato.

lunes, 26 de noviembre de 2012

Nuevos materiales para mayor seguridad y calidad alimentarias

Añadir nanopartículas en plásticos o acero inoxidable podría ser útil en la lucha contra patógenos como E. coli o Listeria monocytogenes

Los factores que influyen en la seguridad de los alimentos son varios. Algunos de ellos son los materiales y superficies con los que entran en contacto y que constituyen un elemento fundamental para no comprometer su calidad y seguridad. Además, es importante el desarrollo de una metodología adecuada en el diseño de una industria agroalimentaria higiénica, eficiente y segura. En este campo, y con motivo del Congreso Mundial EHEDG sobre ingeniería y diseño higiénicos 2012, se presentaron materiales con efectos biocidas capaces de combatir microorganismos patógenos como E.coli o Listeria monocytogenes. El artículo detalla en qué consisten estos nuevos materiales.

El diseño de las industrias alimentarias es un aspecto complejo porque los componentes con los que trabaja (los alimentos) así lo requieren. Por tanto, el diseño y el uso de los materiales adecuados juegan un papel fundamental en el que deben conjugarse principios como un buen diseño y un uso adecuado de los materiales. En este sentido, expertos de AINIA centro tecnológico han presentado, en el marco del Congreso Mundial EHEDG, celebrado el 7 y 8 de noviembre en Valencia, un nuevo material con "propiedades funcionales que contribuyen a mejorar la seguridad y calidad alimentarias a través de la mejora higiénica en las instalaciones alimentarias".

APUESTA POR LA HIGIENE

La lucha contra la contaminación de los alimentos debe centrarse también en el ámbito industrial. La incorporación de un diseño higiénico puede prevenir el desarrollo de riesgos microbiológicos o químicos y facilitar la limpieza (evitar espacios muertos y rincones inaccesibles o de difícil acceso donde puedan acumularse restos de alimentos). Estas han sido algunas de las conclusiones del Congreso Mundial sobre Ingeniería y Diseño Higiénico 2012, organizado por el European Hygienic Engineering and Design Group (EHEDG) y AINIA centro tecnológico. El objetivo de estos desarrollos es, según Rafael Soro, coordinador del Congreso, "disponer de nuevas tecnologías que permitan producir alimentos más sanos y duraderos".
Los avances en este campo abarcan el diseño y facilidad de limpieza de los equipos, así como la instalación de equipos, servicios industriales y empresas de servicios públicos. El diseño de cualquiera de las piezas de los equipos debe ser funcional, eficiente y económico, fácil de limpiar y desinfectar. Desde la aprobación del Sistema de Análisis de Peligros y Puntos Críticos de Control (APPCC), el diseño higiénico de los equipos se ha convertido en una necesidad porque con él se controlan aspectos como la calidad de las materias primas, el sistema de procesamiento, el entorno de producción, el personal involucrado y el almacenamiento y sistemas de distribución.

martes, 6 de noviembre de 2012

Liofilización, investigación e innovación en el ámbito alimentario

Alimentarse ha pasado de ser una acción para subsistir, nutrirse, a una auténtica ciencia sobre la que investigar. Algunos procesos extendidos en la industria alimentaria, como la liofilización, son sin embargo desconocidos para quienes no se dedican al mundo de la cocina. ¿En qué consiste este singular proceso?
Según la Real Academia Español de la lengua liofilizar es "separar el agua de una sustancia, o de una disolución, mediante congelación y posterior sublimación a presión reducida del hielo formado, para dar lugar a un material esponjoso que se disuelve posteriormente con facilidad". Se trata de un proceso que, aplicado al mundo de la gastronomía ha generado una revolución de sabores y sensaciones.
Sin embargo, para descubrir más respecto a la liofilización hemos acudido a unos auténticos especialistas de la investigación alimentaria, la Fundació Alícia. En este centro de experimentación catalana liderado por el chef español más famoso del mundo, Ferrán Adriá, existen dos máquinas de este tipo, ambas de la marca Telstar. Gracias a ellas se desarrollan texturas y sabores imposibles de conseguir de otra manera.
Para liofilizar los alimentos primero se deben congelar para después introducirlos dentro de la máquina y hacer el vacío. Al cabo del tiempo, según aumenta la temperatura de los alimentos, estos se van descongelando produciéndose en su interior la sublimación del agua y pasando de estado sólido a estado gaseoso sin pasar por su fase líquida. La duración de este proceso depende del tipo de alimento, puede durar de horas a varios días. Incluso si se corta en mitad de la liofilización, se pueden conseguir productos semideshidratados.

¿Cuándo se empezaron a liofilizar alimentos?

Sin embargo este proceso no es precisamente nuevo. Esta técnica ya se utilizaba hace más de diez años en los fogones de algunas cocinas, aunque inicialmente fue creado para la industria farmacéutica. Sin embargo, como explica Héloise Vilaseca, del centro de investigación Alícia, "en cocina la innovación consiste en liofilizar elaboraciones, y no solo alimentos sin procesar". Es decir, ya no solo se quiere deshidratar una fresa, sino conseguir una tarta de fresa, nata y chocolate liofilizada.
La cocina tradicional está dejando paso a un nuevo tipo de cocina más desarrollada, donde la química y la física de los alimentos determinan sus posibilidades de creación de nuevos platos. Bienvenidos sean.

martes, 4 de septiembre de 2012

Dieta espartana. ¿Salud o barbaridad?.



 Tras la dieta Dukan, empieza a hacerse famosa, una nueva dieta, que a su vez incluye un toque de filosofía de vida, que nos lleva a una alimentación propia de la mítica ciudad-estado griega. Esta dieta/filosofía, fue creada por el norteamericano Anthony Bova, mediante un manifiesto que vemos a continuación.
 
 Directrices de la Dieta Espartana:


  • Las cuatro peores "alimentos" que puedes comer son: 1) azúcar refinada, 2) harinas blancas y cereales procesados, 3) aceites/grasas vegetales refinados (hidrogenados/parcialmente hidrogenados), 4) alimentos derivados de la soja.
  • No comas alimentos altamente procesados (comida basura), como galletas, pasteles, pastelitos, panes, pizza, refrescos, leche o huevos en polvo, proteína en polvo, comidas light o bajas en grasa producidas artificialmente, etc., etc., etc.
  • Come fruta fresca. Ecológica siempre que puedas. Lava bien la fruta normal antes de comerla.
  • Come alimentos del mar. Todo tipo de pescados, mariscos, moluscos y criaturas marinas.
  • Come carne. Músculo y también órganos. La carne de caza es la mejor. La ecológica, alimentada de pasto y campera es excelente (sea ternera, aves de corral, cordero, cerdo, etc.).
  • Toma habitualmente caldos de hueso (especialmente de pescado).
  • Las grasas animales son un alimento valioso. NO TEMAS A LAS GRASAS ANIMALES. Usa mantequilla, nata (y derivados de ambas), manteca de cerdo, sebo de ternera/buey, yemas de huevo, etc.
  • No dudes en completar tu dieta con verduras, incluyendo vegetales de hoja verde. Está bien que los cocines. Mejor si los comes con una grasa animal.
  • Prepara adecuadamente los cereales (integrales) y utilízalos sólo como un pequeño suplemento a tu dieta habitual.
  • Prepara adecuadamente los frutos secos (crudos) antes de comerlos, empapando en agua durante unas 8 horas y secándolos después, bien al sol o en el horno a baja temperatura.
  • Utiliza sal marina (real, no refinada), miel cruda, sirope de arce, vinagre y especias para dar sabor.
  • De vez en cuando intenta comer crudos parte de los alimentos de origen animal. Yemas de huevo, leche (no pasteurizada), pescado, carne de vacuno muy poco hecha.
  • Come una buena cantidad de comida cruda como parte de tu dieta habitual. Fruta, verdura y también alimentos de origen animal.
  • No hay cantidades fijas de unos u otros alimentos que debas comer. Intenta que la fruta sea el 25-50% del total del volumen de lo que comes. El resto pueden ser alimentos de origen animal, incluyendo toda la grasa animal que quieras, frutos secos, verduras y hortalizas y como complemento cereales integrales.

Nota: El uso de esta dieta es elección del lector, en ningún caso es recomendada por nuestro blog.


martes, 17 de abril de 2012

El Senado insta al Gobierno a que adopte medidas contra el desperdicio de alimentos

Se aprueba una moción que insta a mejorar la normativa de la PAC e introducir novedades en las políticas de transporte y envases alimentarios.



El Senado ha aprobado una moción en la que se solicitan al Gobierno medidas que contribuyan a la reducción del desperdicio de alimentos. El texto aboga por una mejora de la legislación de la Política Agraria Común (PAC) y una nueva regulación de las políticas de transporte y envases, que contribuyan a preservar los alimentos.

Además de la moción, se ha solicitado un estudio que desvele la dimensión real de este problema y la promoción de políticas de responsabilidad social en la industria alimentaria. Se estima que un menor desperdicio de alimentos supondría un mejor uso de las tierras de cultivo y de los recursos hídricos, lo que redundaría en un beneficio social, nutricional y ético.

Los datos de la FAO muestran que cada ciudadano tira de media al año entre 95 y 115 kilogramos de alimentos. Por ello, se anima a informar y concienciar a los consumidores sobre esta problemática, con campañas que despejen dudas sobre el significado de los etiquetados, la diferencia entre la fecha de caducidad y el consumo preferente. Se calcula que la responsabilidad sobre el 42% de los alimentos desechados recae en los consumidores, mientras que la responsabilidad de la industria alimentaria asciende al 39% y la del sector de la restauración, al 12%.

La moción se ha aprobado por unanimidad de los grupos parlamentarios, aunque se han presentado dos enmiendas para mejorarla. El texto también recoge algunos aspectos incluidos en el informe del Parlamento Europeo de 30 de noviembre, como la propuesta de reducir a la mitad el despilfarro de alimentos hasta 2025.

martes, 10 de abril de 2012

España lidera la producción de alimentos ecológicos en Europa

La mayor parte de este tipo de productos cultivados en nuestro país se comercializa en el exterior


España se ha convertido en el principal productor de alimentos ecológicos de Europa, aunque la mayor parte de ellos se comercializa fuera de nuestro país. Según los datos dados a conocer en el Salón Alimentaria, España exportó 454 millones de euros en alimentos ecológicos a lo largo de 2010.

Respecto a 2009, el número de explotaciones ganaderas certificadas aumentó un 10% y ascendió durante 2010 hasta las 5.022. Del mismo modo, también aumentó la extensión de los cultivos dedicados a agricultura ecológica, con un incremento del 11% frente a 2009 y unas 2.800 empresas certificadas.

Aunque el consumo de alimentos no tratados con productos químicos evoluciona progresivamente en España, la superficie de cultivo constituye todavía el sector más destacado del mercado ecológico en nuestro país, con un total de 1,67 millones de hectáreas en 2010. Según los datos del Salón Alimentaria, la Comunidad Valenciana fue la que registró un mayor aumento de la superficie cultivada, ya que pasó de las 38.753 hectáreas de 2009 a las 56.627 hectáreas destinadas en 2010 a la agricultura ecológica.

Por otro lado, la facturación conjunta del total de alimentos ecológicos durante el periodo examinado resultó más beneficiosa para las empresas vinculadas que la producción tradicional. Según datos del Ministerio de Agricultura recogidos por Alimentaria, la producción ecológica incrementó su facturación un 11,7%, mientras que el resto experimentó una caída del 0,9%.