Anuga en Colonia, Alemania, es la mayor feria de alimentos y bebidas del mundo y cubre, con sus 10 ferias especializadas, todos los segmentos de mercado del sector.
Anuga presenta las innovaciones más importantes, así como las tendencias actuales y futuras del mundo y es un punto de encuentro para todos los encargados de adoptar decisiones de la industria alimentaria.
Anuga también ofrece un amplio programa de exposiciones especiales, congresos, seminarios y eventos de la industria.
martes, 8 de octubre de 2013
jueves, 29 de agosto de 2013
Desarrollan una clara de huevo que puede volver a montarse
Un equipo de investigadores del Instituto de Investigación en Ciencias de
Alimentación (CSIC y Universidad Autónoma de Madrid) han patentado un derivado
de la clara de huevo
que tiene multitud de propiedades culinarias: es más manejable, puede volver a
montarse pasado un tiempo y crea espumas ligeras y suaves. El nuevo producto
tendrá numerosas aplicaciones en la alta cocina.
El derivado se obtiene después de tratar la clara de huevo pasteurizada con una enzima que rompe las proteínas en fragmentos de pequeño tamaño en un proceso denominado hidrólisis. Al tener su origen en la clara de huevo, se compone exclusivamente de proteínas y no tiene grasas ni azúcares. "Se trata de producto muy atractivo para cocina dulce y salada por todas las propiedades que tiene. En repostería y pastelería se puede emplear para la elaboración de bizcochos, cremas y merengues más ligeros", ha explicado el cocinero Mario Sandoval, quien ha colaborado con la investigación.
Además, las espumas que se obtienen son estables durante más tiempo, una propiedad de gran utilidad en alta cocina. "La espuma que es posible obtener con este producto puede volver a montarse transcurrido un tiempo, una capacidad que no tiene la clara de huevo que todos conocemos. Su sabor neutro y su color blanco permiten mezclarlo con diferentes ingredientes, como purés, pulpas o saborizantes, para obtener nuevas texturas y sabores", ha explicado Marta Miguel Castro, una de las investigadoras.
Por otro lado, al mezclar esta clara de huevo con aceite de oliva se produce una reacción efervescente similar a la espuma de mar. "Esta propiedad también la tiene la espuma producida a partir de la clara de huevo original, pero en un grado mucho menor", ha destacado Sandoval. "Esta vía de trabajo puede resultar interesante para la elaboración de algún plato en el que el propio cliente pueda participar de forma activa, siendo él mismo quien produzca dicha reacción".
El derivado se obtiene después de tratar la clara de huevo pasteurizada con una enzima que rompe las proteínas en fragmentos de pequeño tamaño en un proceso denominado hidrólisis. Al tener su origen en la clara de huevo, se compone exclusivamente de proteínas y no tiene grasas ni azúcares. "Se trata de producto muy atractivo para cocina dulce y salada por todas las propiedades que tiene. En repostería y pastelería se puede emplear para la elaboración de bizcochos, cremas y merengues más ligeros", ha explicado el cocinero Mario Sandoval, quien ha colaborado con la investigación.
Además, las espumas que se obtienen son estables durante más tiempo, una propiedad de gran utilidad en alta cocina. "La espuma que es posible obtener con este producto puede volver a montarse transcurrido un tiempo, una capacidad que no tiene la clara de huevo que todos conocemos. Su sabor neutro y su color blanco permiten mezclarlo con diferentes ingredientes, como purés, pulpas o saborizantes, para obtener nuevas texturas y sabores", ha explicado Marta Miguel Castro, una de las investigadoras.
Por otro lado, al mezclar esta clara de huevo con aceite de oliva se produce una reacción efervescente similar a la espuma de mar. "Esta propiedad también la tiene la espuma producida a partir de la clara de huevo original, pero en un grado mucho menor", ha destacado Sandoval. "Esta vía de trabajo puede resultar interesante para la elaboración de algún plato en el que el propio cliente pueda participar de forma activa, siendo él mismo quien produzca dicha reacción".
martes, 18 de junio de 2013
La reducción del 1% en la ingesta de grasas saturadas disminuye un 3% el riesgo de enfermedades cardiovasculares
El consumo de grasas saturadas en España casi duplica los niveles recomendados
Según los datos recogidos en el estudio J. Valdes 2009, el 80% de la población española consume cada día una cantidad de grasas saturadas mayor de la recomendada. Esta ingesta alcanza el 12%, mientras que la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) recomienda mantener su consumo por debajo del 7%.
Expertos en nutrición recuerdan que el consumo total de grasas debería ajustarse hasta situarse por debajo del 35%. De ellas, las grasas trans deberían de representar menos del 1% y las saturadas no deberían rebasar el límite del 7%. "La mayoría de las grasas trans que consumimos no proceden de la naturaleza de ahí que al organismo le cueste metabolizarlas. Por eso es importante evitarlas", explica Aranceta.
Algunos nutricionistas, como Joy Ngo, recomiendan que la mitad de los alimentos que se ingieran sean de origen vegetal y sugieren controlar el tamaño de las raciones. Además, aconsejan fraccionar las comidas e ingerir algún alimento a media mañana y para merendar. "Se pueden tomar galletas bajas en grasas saturadas complementándolas con una fruta o un yogur", explica el presidente de la SENC. "Así estamos aportando los hidratos de carbono necesarios para el organismo y otros nutrientes de interés, como las vitaminas, minerales y proteínas", señala el experto.
martes, 7 de mayo de 2013
Supermercados Solidarios para paliar la crisis
Una de las principales patronales de empresas distribuidoras y entidades sociales, como Banco de Alimentos, Cáritas y Cruz Roja, han presentado la tarde del lunes el proyecto Supermercados Solidarios. Una iniciativa que pretende "garantizar y mejorar" el nivel de donaciones estables de alimentos destinados a paliar la grave situación de pobreza de Cataluña, donde 235.000 familias reciben ayuda de estas entidades sociales. Solo en Barcelona, los beneficiarios del Banco de Alimentos se han triplicado desde el estallido de la crisis.
Con el acuerdo alcanzado, las empresas distribuidoras se comprometen a donar productos de forma continuada al Banco de Alimentos, que después reparte a 780 entidades sociales, para que estos los entreguen a los ciudadanos. "Ante una demanda creciente", ha explicado el representante de la Federación Catalana de Bancos de Alimentos, Antoni Sansalvadó, "nuestro objetivo es minimizar el desperdicio de alimentos". No en vano, en España se tiraron en 2012 más de ocho millones de toneladas de comida. Sansalvadó ha destacado que, gracias a la colaboración de más de 350 establecimientos, en los últimos doce meses han podido recoger más de 600.000 kilos de alimentos que se hubieran desperdiciado.
En el acto de presentación del proyecto han participado los consejeros de Empresa, Felip Puig; de Alimentación, Josep Maria Pelegrí, y de Bienestar Social, Neus Munté. Puig, ha hecho énfasis en la "grave" situación de pobreza que vive Cataluña, y ha alabado las dos cualidades que han "hecho posible este proyecto": solidaridad y emprendimiento. El consejero de Empresa no ha querido dejar la ocasión para lanzar un dardo al Gobierno central y ha achacado la situación económica de miles de familias al "déficit fiscal" que sufre Cataluña: "Este es un proyecto de país. Con autonomía fiscal y estructuras de estado propias, no tendríamos tantos problemas".
Munté, por su parte, no ha hecho reproche alguno al sistema fiscal del Estado y se ha centrado en este proyecto, que según ha dicho, "es un gran paso, pero no el último", delante del almacén donde el Banco de Alimentos de Barcelona guarda sus provisiones. Llenas las estanterías, una portavoz de la organización ha recalcado que todos los productos que allí entran salen el mismo día.
Con el acuerdo alcanzado, las empresas distribuidoras se comprometen a donar productos de forma continuada al Banco de Alimentos, que después reparte a 780 entidades sociales, para que estos los entreguen a los ciudadanos. "Ante una demanda creciente", ha explicado el representante de la Federación Catalana de Bancos de Alimentos, Antoni Sansalvadó, "nuestro objetivo es minimizar el desperdicio de alimentos". No en vano, en España se tiraron en 2012 más de ocho millones de toneladas de comida. Sansalvadó ha destacado que, gracias a la colaboración de más de 350 establecimientos, en los últimos doce meses han podido recoger más de 600.000 kilos de alimentos que se hubieran desperdiciado.
En el acto de presentación del proyecto han participado los consejeros de Empresa, Felip Puig; de Alimentación, Josep Maria Pelegrí, y de Bienestar Social, Neus Munté. Puig, ha hecho énfasis en la "grave" situación de pobreza que vive Cataluña, y ha alabado las dos cualidades que han "hecho posible este proyecto": solidaridad y emprendimiento. El consejero de Empresa no ha querido dejar la ocasión para lanzar un dardo al Gobierno central y ha achacado la situación económica de miles de familias al "déficit fiscal" que sufre Cataluña: "Este es un proyecto de país. Con autonomía fiscal y estructuras de estado propias, no tendríamos tantos problemas".
Munté, por su parte, no ha hecho reproche alguno al sistema fiscal del Estado y se ha centrado en este proyecto, que según ha dicho, "es un gran paso, pero no el último", delante del almacén donde el Banco de Alimentos de Barcelona guarda sus provisiones. Llenas las estanterías, una portavoz de la organización ha recalcado que todos los productos que allí entran salen el mismo día.
viernes, 19 de abril de 2013
La FAO promueve una campaña para evitar el desperdicio de alimentos
Cada año se pierden en todo el mundo 1.300 millones de toneladas de productos alimenticios.
Para ello, y junto con la Messe Düsseldorf GmbH -que organiza ferias comerciales- y la Interpack -una feria de envases y procesados- han invitado a nuevos socios del sector privado, así como organizaciones sin ánimo de lucro, a que participen en la cadena de suministro de alimentos. Han señalado que "las nuevas tecnologías, mejores prácticas, la coordinación y las inversiones en infraestructura, -desde la producción de alimentos hasta el consumo- son fundamentales para la reducción de las pérdidas y el desperdicio de alimentos".
La tercera parte de los alimentos producidos en el mundo para el consumo humano se tira o se pierde, así como los recursos naturales utilizados para su producción, según la FAO. Las pérdidas mundiales de alimentos y desechos en los países industrializados ascienden a aproximadamente 680.000 millones de dólares y a 310.000 millones en los países en desarrollo.
"Con 900 millones de personas que sufren hambre en el mundo y un billón de dólares en juego, la acción conjunta en la reducción de las pérdidas y el desperdicio pueden mejorar los medios de subsistencia, la seguridad alimentaria y reducir al mínimo el impacto ambiental", explicó el director de Infraestructuras Rural y Agroindustrias, Gavin Wall. Por su parte, el jefe de equipo de Save Food, Robert van Otterdijk, señaló que "incluso si solo una cuarta parte de los alimentos que actualmente se pierden o se desperdician en todo el mundo puede recuperarse, sería suficiente para alimentar a 900 millones de personas hambrientas en el mundo".
A pesar de que las pérdidas de alimentos se producen en todas las etapas de la cadena de suministro de alimentos, las causas y su impacto en todo el mundo son diferentes. Las pérdidas de alimentos en los países en desarrollo afectan sobre todo a los pequeños agricultores, donde casi el 65% de las pérdidas ocurren en las etapas de producción, post-cosecha y procesamiento, mientras que en los países industrializados los residuos de alimentos a menudo se producen a nivel minorista y del consumidor debido a la mentalidad de "usar y tirar".
martes, 9 de abril de 2013
Los yogures ya no caducan a los 28 días
Los yogures ya no caducan a los 28 días de ser elaborados. El Gobierno ha derogado la norma que establecía que los lácteos fermentados debían tener un plazo límite de consumo. Desde ahora —la derogación se publicó en el BOE el 29 de marzo—, las empresas decidirán qué fecha de consumo preferente dan a estos productos, una data que se definirá en función de las características del alimento, su envase o cómo se conservará. Esta fecha solo marca cuándo el alimento pierde propiedades de olor o sabor aunque sigue siendo seguro para el consumidor. Sin embargo, la medida, anunciada ayer por el ministro de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, Miguel Arias Cañete, dentro de una estrategia más amplia para frenar el desperdicio alimentario, no satisface a la industria. Los fabricantes de yogures piden conservar la fecha de caducidad para sus productos, aunque proponen ampliarla de los 28 días tradicionales a 35.
La medida que toca a los yogures trata de equiparar la regulación española a la del resto de países de la UE, donde solo se señala un plazo de consumo recomendado para estos lácteos. “Ya no habrá confusión para el ciudadano, que a partir de la fecha de consumo preferente deberá tomar su decisión”, dijo Cañete, que apuntó que el corsé marcado en 28 días para los yogures “originaba mucho desperdicio de un producto básico para la alimentación y de un grado muy alto de consumo”. El ministro hace unos meses aseguró que él mismo comía alimentos caducados sin ningún problema, sobre todo estos lácteos fermentados.
Los yogures eran uno de los pocos alimentos cuya fecha límite fijaba la ley. De momento, el Gobierno no se plantea reformar otras normas que definen o recomiendan plazos en los que los alimentos son aptos para el consumo (la fecha de caducidad marca el momento desde el que el alimento deja de ser seguro). Normalmente, solo la comida perecedera —pescado, carne, pastelería— está señalada con una data de expiración. Otros, como los embutidos, los quesos o las legumbres no caducan, aunque con el paso del tiempo pierden propiedades organolépticas; la concentración de azúcares y la baja actividad de agua que contienen los hace menos sensibles. Caso similar al del yogur, según los expertos, un producto lácteo en el que es difícil, si están bien conservados, que proliferen microbios y patógenos.
De ahí el cambio normativo. Una modificación a la que se opone la Federación Nacional de Industrias Lácteas (Fenil). Esta organización, que integra a la Asociación Española de Fabricantes de Yogur y Postres Lácteos Frescos —donde se agrupan todos los fabricantes que comercializan sus productos en España—, considera que las condiciones climáticas y de conservación de España hacen “más oportuno” mantener la fecha de caducidad, que apuestan por aumentar a 35 días, en lugar de un plazo de consumo preferente. “Creemos que la fecha de caducidad otorga más orientación al consumidor. Aunque la responsabilidad última es suya, los fabricantes consideran que en el mensaje que proporciona el plazo de caducidad es más firme”, dice Luis Calabozo, director general de Fenil. Las empresas no afirman que estos alimentos dejen de ser seguros pasado el plazo límite, aunque sí afirman que “aumentan las probabilidades de que se pueda sufrir algún problema en función de la conservación”. “Por eso, los fabricantes evalúan que lo mejor es la fecha de caducidad, prefieren dotarse de esa seguridad”, indica Calabozo.
La industria tiene esperanza aún de que sus reclamos se escuchen y de que la norma que moderniza la comercialización del yogur —que analiza ahora la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición— añada esa fecha de caducidad ampliada. Consideraciones aparte, Cañete precisó ayer que las empresas pueden empezar ya a etiquetar sus yogures con la nueva fecha.
Los consumidores recelan de la nueva medida. “Se nos pone cara de tontos al pensar que hemos estado tirando durante años yogures porque las autoridades imponían una fecha tras la cual su consumo no era seguro. ¿Ahora sí lo es?”, critica Rubén Sánchez, portavoz de Facua. “El sistema de fecha de caducidad ha beneficiado a la industria porque tras tirar estos productos el consumidor ha ido a comprar más”, añade. Facua duda, además, que pese a que este nuevo sistema teóricamente generará ahorro a las empresas eso repercuta en una bajada de precios para los consumidores. “Esta medida se vende como una fórmula contra el despilfarro, pero lo que el Gobierno debería hacer por encima de todo es sancionar a aquellos que tiren comida, a los que desperdicien”, dice Sánchez.
La de la revisión de las fechas de caducidad y consumo recomendado es solo una de las medidas que se integra dentro de la estrategia Más alimento, menos desperdicio con la que Agricultura busca frenar el despilfarro de comida. Los españoles arrojan cada año siete millones de toneladas de alimentos perfectamente válidos al contenedor, una cifra que el Gobierno pretende reducir a la mitad en 2020. Para ello reforzará el comercio de proximidad, redactará guías de buenas prácticas para consumidores y empresas, fomentará la aplicación de la tecnología a la conservación de los alimentos y se reforzarán los convenios con los bancos de alimentos para canalizar hacia allí los productos que aún son aptos para consumir.
Los fabricantes creen que se debería conservar la fecha de caducidad aunque apuestan por aumentarla a 35 días.
Los yogures eran uno de los pocos alimentos cuya fecha límite fijaba la ley. De momento, el Gobierno no se plantea reformar otras normas que definen o recomiendan plazos en los que los alimentos son aptos para el consumo (la fecha de caducidad marca el momento desde el que el alimento deja de ser seguro). Normalmente, solo la comida perecedera —pescado, carne, pastelería— está señalada con una data de expiración. Otros, como los embutidos, los quesos o las legumbres no caducan, aunque con el paso del tiempo pierden propiedades organolépticas; la concentración de azúcares y la baja actividad de agua que contienen los hace menos sensibles. Caso similar al del yogur, según los expertos, un producto lácteo en el que es difícil, si están bien conservados, que proliferen microbios y patógenos.
De ahí el cambio normativo. Una modificación a la que se opone la Federación Nacional de Industrias Lácteas (Fenil). Esta organización, que integra a la Asociación Española de Fabricantes de Yogur y Postres Lácteos Frescos —donde se agrupan todos los fabricantes que comercializan sus productos en España—, considera que las condiciones climáticas y de conservación de España hacen “más oportuno” mantener la fecha de caducidad, que apuestan por aumentar a 35 días, en lugar de un plazo de consumo preferente. “Creemos que la fecha de caducidad otorga más orientación al consumidor. Aunque la responsabilidad última es suya, los fabricantes consideran que en el mensaje que proporciona el plazo de caducidad es más firme”, dice Luis Calabozo, director general de Fenil. Las empresas no afirman que estos alimentos dejen de ser seguros pasado el plazo límite, aunque sí afirman que “aumentan las probabilidades de que se pueda sufrir algún problema en función de la conservación”. “Por eso, los fabricantes evalúan que lo mejor es la fecha de caducidad, prefieren dotarse de esa seguridad”, indica Calabozo.
España desperdicia siete millones de toneladas de alimentos perfectamente válidos al año.
Los consumidores recelan de la nueva medida. “Se nos pone cara de tontos al pensar que hemos estado tirando durante años yogures porque las autoridades imponían una fecha tras la cual su consumo no era seguro. ¿Ahora sí lo es?”, critica Rubén Sánchez, portavoz de Facua. “El sistema de fecha de caducidad ha beneficiado a la industria porque tras tirar estos productos el consumidor ha ido a comprar más”, añade. Facua duda, además, que pese a que este nuevo sistema teóricamente generará ahorro a las empresas eso repercuta en una bajada de precios para los consumidores. “Esta medida se vende como una fórmula contra el despilfarro, pero lo que el Gobierno debería hacer por encima de todo es sancionar a aquellos que tiren comida, a los que desperdicien”, dice Sánchez.
La de la revisión de las fechas de caducidad y consumo recomendado es solo una de las medidas que se integra dentro de la estrategia Más alimento, menos desperdicio con la que Agricultura busca frenar el despilfarro de comida. Los españoles arrojan cada año siete millones de toneladas de alimentos perfectamente válidos al contenedor, una cifra que el Gobierno pretende reducir a la mitad en 2020. Para ello reforzará el comercio de proximidad, redactará guías de buenas prácticas para consumidores y empresas, fomentará la aplicación de la tecnología a la conservación de los alimentos y se reforzarán los convenios con los bancos de alimentos para canalizar hacia allí los productos que aún son aptos para consumir.
lunes, 18 de febrero de 2013
La fiebre de la comida consciente
Los productos ecológicos y artesanales ganan terreno a la alimentación convencional Restaurantes, tiendas y pequeños productores replanean nuestro modelo de consumo
"Si cuidas tu aspecto y tu vestimenta, ¿por qué no cuidas también lo que comes?". Esta pregunta la lanza María Álvarez, organizadora de La Buena Vida, un mercado de productos ecológicos y artesanos que se celebra hoy y mañana por primera vez en el HUB Madrid, en la calle Gobernador. Tienen un objetivo doble: acercar estos alimentos a quienes no estén familiarizados con ellos y fomentar un "consumo consciente". "No se trata de ser ecologista, ni de comulgar con una determinada ideología, sino preguntarnos de dónde vienen los alimentos que comemos, buscar un género elaborado de una manera ambientalmente respetuosa y con un precio justo para el productor y el consumidor".
Aceite, fiambre ecológico, cervezas y vino artesano, frutas y verduras, harina y pan con denominación de origen, ahumados y escabeches artesanos, huevos o quesos son algunos de los productos que La Buena Vida acercará al consumidor.
Hay indicadores de que cada vez más personas se apuntan a producir y consumir alimentos ecológicos, aquellos producidos sin la utilización de sustancias químicas en todas sus fases de elaboración. Según datos del ministerio de Agricultura, en 2011 había más de 32 mil productores ecológicos, ocho mil más que en 2009. En 2011, el valor de la producción se situó en torno a los 813 millones de euros, un 25% más que en 2009.
Para los consumidores, las mayores ventajas son el sabor y la calidad. "Tengo clientes muy concienciados con el entorno, pero también compran personas que buscan un tomate que sepa a tomate, o leche como la que tomaban de niños", cuenta Pedro. Junto a su mujer, creó hace un año Es de Raíz, un blog en el que publicaban entrevistas con productores comprometidos con el medio ambiente. El blog dio paso a la tienda online, y en vista de la demanda, se animaron hace dos meses a abrir un local en el mercado de Santa María de la Cabeza. Pedro vende productos ecológicos de 35 marcas diferentes.
Mientras habla, entra una clienta buscando acelgas. "Me gustan mucho pero todas las que compraba me sabían a amoniaco. Un día probé las de aquí, y oye, nada que ver", explica esta consumidora, llamada Eva Fernández. "Fíjate qué bien saben que mi hija se acabó el plato, y eso que no le gustan las verduras".
En la frutería La Repera del mercado de San Fernando, Alfredo Martínez, cliente habitual, lleva una bolsa llena de kiwis, peras, manzanas, apio, puerros y judías. "Con la fruta, que la metes en el cuerpo directamente, hay que tener mucho cuidado".
El mercado de San Fernando cuenta con una panadería artesana y ecológica, La Pistola. Su propietaria, Sandra, elabora bollería, pan o empanadas, y vende todos los ingredientes necesarios para que uno se pueda hacer su propio pan casero, y todos naturales, como la harina molida en molino de piedra. La principal ventaja de su pan es que dura mucho más y no es más cara que otra panadería: "Las pistolas cuestan 60 céntimos, y lo más caro, una barra de un kilo de pan de centeno, tres euros".
Para muchos consumidores, el mayor problema de estos productos es su precio, a veces más elevado que el de los convencionales. "Los costes de distribución son más altos porque hablamos de pequeños productores, no van a tener tanto margen como quien produce a gran escala", explica Esther Alonso, dueña de La Repera. "Pero los precios se están democratizando porque cada vez hay más demanda, y cuesta menos traer estos alimentos al consumidor, poco a poco la gente se va concienciando de la importancia de una alimentación responsable".
para solucionar el asunto de los costes de distribución, se crearon los grupos de consumo, es decir, colectivos de personas con gustos similares que tratan directamente con el productor, sin intermediarios, y encargan los alimentos. La Cocinita de Chamberí, una tienda de productos ecológicos especializada en alimentación infantil, hace las veces de punto de recogida para uno de estos grupos. Su propietaria, Paloma Montón, trabaja con dos familias de agricultores que envían una vez a la semana los productos que los clientes piden. El género llega directamente de la huerta en cajas de cinco, siete y 10 kilos. Paloma también encarga carne y de leche, empezó pidiendo algunas semanas y ahora recibe 80 litros de leche fresca semanales.
Internet también está abriendo las puertas a quienes quieren comprar y no saben dónde. Isabel Ortiz fundó en 2010 Mumumío, una tienda online que sirve a toda España. "Es una buena solución para la gente que quiere consumir productos ecológicos y no tiene tanto tiempo o facilidades de encontrar gente con sus mismas inquietudes", comenta.
Otra manera de acercarse a los alimentos ecológicos es a través de los restaurantes que, poco a poco, van poblando Madrid. El Vergel, de los más famosos, lleva diez años dedicado a esta alimentación. A él le han seguido otros como Al Natural, donde cocinan con los alimentos que ellos mismos cultivan, o La Mojigata. Abierto hace un año, Fernando Camino y Natalia Cisneros, sus dueños, lo idearon como un restaurante con un horario convencional pero han tenido que dejarlo como tal solo los fines de semana.
El resto de tiempo lo dedican a lo que ellos llaman casering, es decir catering de productos artesanos. "Empezamos a prepararlos de manera ocasional y gracias al boca a boca nos han ido saliendo más clientes, no paramos de trabajar ni un segundo", explica su orgullosa creadora. Su secreto está en ofrecer productos hechos en casa. "Hacemos artesanalmente hasta la mantequilla, la mermelada y el pan". En la cocina de Natalia, la fruta es ecológica, igual que la leche, la harina, los cereales o las legumbres.
Concienciar a la población acerca de la producción sostenible es el objetivo de este mercado y de los restaurantes y comercios en torno a este modelo de alimentación. "Comer alimentos de temporada en vez de forzar a la tierra, saber que el producto que compras viene de un lugar donde los empleados están bajo condiciones de trabajo dignas... todo eso es la alimentación consciente", explica María. En La Repera, el argumento es idéntico. "La clave es informar, ya que hay mucho desconocimiento, pero poco a poco se va consiguiendo", completa Esther. En ese momento, recibe un mensaje en el teléfono móvil. Lo lee y sonríe: "Es mi madre, que dice que se ha ido a un pueblo con unas amigas y que van a comprar fruta ecológica. A esto me refería yo con lo de concienciar poco a poco".
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