El acceso a un abanico más amplio de alimentos no garantiza una dieta más equilibrada, como lo demuestra el hecho de que solo un 54% de los españoles cumpla con las recomendaciones clásicas de la pirámide alimenticia, lo que favorece un aumento progresivo de la obesidad. Lo ha asegurado así el catedrático de Nutrición y Bromatología de la Universidad CEU San Pablo y presidente de la Fundación Española de Nutrición (FEN), Gregorio Varela, durante una jornada organizada por la Red Española de Ciudades Saludables de la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP) celebrada en el Ministerio de Sanidad, en la que ha reconocido que "se puede considerar un fracaso para los nutricionistas".
"La mayor disponibilidad no parece que ayude a una mejora de la dieta, ya que puede ser bueno si se elige bien, pero menos bueno cuando no se lleva una correcta selección de alimentos", según este catedrático, que ha criticado que actualmente haya cerca de 30.000 productos a nuestra disposición cuando "nuestras abuelas apenas manejaban unos 100 alimentos". Esto, según Varela, ha modificado "inconscientemente" nuestros hábitos alimenticios, como muestra el hecho de que en España haya disminuido el consumo de verduras y frutas (unos 320 y 300 gramos de media al día, respectivamente) y, en cambio, se registre un incremento considerable en el grupo de carnes y derivados (unos 180 gramos al día).
Además, estudios recientes han evidenciado un incremento del consumo de bebidas no alcohólicas y un descenso de alimentos básicos como los cereales o las legumbres. De hecho, un alimento básico como el pan, del que hace unos 50 años se consumían una media de 360 gramos diarios, ha reducido su consumo a casi un tercio (134 gramos diarios), mientras que el consumo de aceite, alimento clave en la dieta mediterránea, se ha reducido a la mitad.
"Necesitamos un SOS", según Varela, que lamenta que la Europa mediterránea contara con un modelo alimenticio "muy variado" gracias a la dieta mediterránea, del que ahora "nos hemos alejado pese a que otros nos copian". Todo ello, avanza Varela, se refleja en un "alarmante" aumento de sobrepeso y obesidad también en población infantil. De hecho, los datos del estudio Thao publicados hace un año revelaron que hasta el 23,5% de los niños de tres a cinco años tiene sobrepeso y obesidad, y un 7,3% puede considerarse obeso.
Ante estos datos, la secretaria general de Sanidad, Pilar Farjas, ha animado a los ayuntamientos y el resto de corporaciones locales a que apuesten por "urbanismos saludables" e informen a sus ciudadanos de las ventajas de practicar ejercicio físico y llevar una alimentación saludable. "Lo que elegimos para comer, el momento y cómo lo elegimos supone un estímulo hacia una alimentación más equilibrada", ha asegurado la número dos del departamento que dirige Ana Mato.
viernes, 8 de noviembre de 2013
martes, 8 de octubre de 2013
Polgri en la Feria Anuga en Colonia, Alemania.
Anuga en Colonia, Alemania, es la mayor feria de alimentos y bebidas del mundo y cubre, con sus 10 ferias especializadas, todos los segmentos de mercado del sector.
Anuga presenta las innovaciones más importantes, así como las tendencias actuales y futuras del mundo y es un punto de encuentro para todos los encargados de adoptar decisiones de la industria alimentaria.
Anuga también ofrece un amplio programa de exposiciones especiales, congresos, seminarios y eventos de la industria.
Anuga presenta las innovaciones más importantes, así como las tendencias actuales y futuras del mundo y es un punto de encuentro para todos los encargados de adoptar decisiones de la industria alimentaria.
Anuga también ofrece un amplio programa de exposiciones especiales, congresos, seminarios y eventos de la industria.
jueves, 29 de agosto de 2013
Desarrollan una clara de huevo que puede volver a montarse
Un equipo de investigadores del Instituto de Investigación en Ciencias de
Alimentación (CSIC y Universidad Autónoma de Madrid) han patentado un derivado
de la clara de huevo
que tiene multitud de propiedades culinarias: es más manejable, puede volver a
montarse pasado un tiempo y crea espumas ligeras y suaves. El nuevo producto
tendrá numerosas aplicaciones en la alta cocina.
El derivado se obtiene después de tratar la clara de huevo pasteurizada con una enzima que rompe las proteínas en fragmentos de pequeño tamaño en un proceso denominado hidrólisis. Al tener su origen en la clara de huevo, se compone exclusivamente de proteínas y no tiene grasas ni azúcares. "Se trata de producto muy atractivo para cocina dulce y salada por todas las propiedades que tiene. En repostería y pastelería se puede emplear para la elaboración de bizcochos, cremas y merengues más ligeros", ha explicado el cocinero Mario Sandoval, quien ha colaborado con la investigación.
Además, las espumas que se obtienen son estables durante más tiempo, una propiedad de gran utilidad en alta cocina. "La espuma que es posible obtener con este producto puede volver a montarse transcurrido un tiempo, una capacidad que no tiene la clara de huevo que todos conocemos. Su sabor neutro y su color blanco permiten mezclarlo con diferentes ingredientes, como purés, pulpas o saborizantes, para obtener nuevas texturas y sabores", ha explicado Marta Miguel Castro, una de las investigadoras.
Por otro lado, al mezclar esta clara de huevo con aceite de oliva se produce una reacción efervescente similar a la espuma de mar. "Esta propiedad también la tiene la espuma producida a partir de la clara de huevo original, pero en un grado mucho menor", ha destacado Sandoval. "Esta vía de trabajo puede resultar interesante para la elaboración de algún plato en el que el propio cliente pueda participar de forma activa, siendo él mismo quien produzca dicha reacción".
El derivado se obtiene después de tratar la clara de huevo pasteurizada con una enzima que rompe las proteínas en fragmentos de pequeño tamaño en un proceso denominado hidrólisis. Al tener su origen en la clara de huevo, se compone exclusivamente de proteínas y no tiene grasas ni azúcares. "Se trata de producto muy atractivo para cocina dulce y salada por todas las propiedades que tiene. En repostería y pastelería se puede emplear para la elaboración de bizcochos, cremas y merengues más ligeros", ha explicado el cocinero Mario Sandoval, quien ha colaborado con la investigación.
Además, las espumas que se obtienen son estables durante más tiempo, una propiedad de gran utilidad en alta cocina. "La espuma que es posible obtener con este producto puede volver a montarse transcurrido un tiempo, una capacidad que no tiene la clara de huevo que todos conocemos. Su sabor neutro y su color blanco permiten mezclarlo con diferentes ingredientes, como purés, pulpas o saborizantes, para obtener nuevas texturas y sabores", ha explicado Marta Miguel Castro, una de las investigadoras.
Por otro lado, al mezclar esta clara de huevo con aceite de oliva se produce una reacción efervescente similar a la espuma de mar. "Esta propiedad también la tiene la espuma producida a partir de la clara de huevo original, pero en un grado mucho menor", ha destacado Sandoval. "Esta vía de trabajo puede resultar interesante para la elaboración de algún plato en el que el propio cliente pueda participar de forma activa, siendo él mismo quien produzca dicha reacción".
martes, 18 de junio de 2013
La reducción del 1% en la ingesta de grasas saturadas disminuye un 3% el riesgo de enfermedades cardiovasculares
El consumo de grasas saturadas en España casi duplica los niveles recomendados
Según los datos recogidos en el estudio J. Valdes 2009, el 80% de la población española consume cada día una cantidad de grasas saturadas mayor de la recomendada. Esta ingesta alcanza el 12%, mientras que la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) recomienda mantener su consumo por debajo del 7%.
Expertos en nutrición recuerdan que el consumo total de grasas debería ajustarse hasta situarse por debajo del 35%. De ellas, las grasas trans deberían de representar menos del 1% y las saturadas no deberían rebasar el límite del 7%. "La mayoría de las grasas trans que consumimos no proceden de la naturaleza de ahí que al organismo le cueste metabolizarlas. Por eso es importante evitarlas", explica Aranceta.
Algunos nutricionistas, como Joy Ngo, recomiendan que la mitad de los alimentos que se ingieran sean de origen vegetal y sugieren controlar el tamaño de las raciones. Además, aconsejan fraccionar las comidas e ingerir algún alimento a media mañana y para merendar. "Se pueden tomar galletas bajas en grasas saturadas complementándolas con una fruta o un yogur", explica el presidente de la SENC. "Así estamos aportando los hidratos de carbono necesarios para el organismo y otros nutrientes de interés, como las vitaminas, minerales y proteínas", señala el experto.
martes, 7 de mayo de 2013
Supermercados Solidarios para paliar la crisis
Una de las principales patronales de empresas distribuidoras y entidades sociales, como Banco de Alimentos, Cáritas y Cruz Roja, han presentado la tarde del lunes el proyecto Supermercados Solidarios. Una iniciativa que pretende "garantizar y mejorar" el nivel de donaciones estables de alimentos destinados a paliar la grave situación de pobreza de Cataluña, donde 235.000 familias reciben ayuda de estas entidades sociales. Solo en Barcelona, los beneficiarios del Banco de Alimentos se han triplicado desde el estallido de la crisis.
Con el acuerdo alcanzado, las empresas distribuidoras se comprometen a donar productos de forma continuada al Banco de Alimentos, que después reparte a 780 entidades sociales, para que estos los entreguen a los ciudadanos. "Ante una demanda creciente", ha explicado el representante de la Federación Catalana de Bancos de Alimentos, Antoni Sansalvadó, "nuestro objetivo es minimizar el desperdicio de alimentos". No en vano, en España se tiraron en 2012 más de ocho millones de toneladas de comida. Sansalvadó ha destacado que, gracias a la colaboración de más de 350 establecimientos, en los últimos doce meses han podido recoger más de 600.000 kilos de alimentos que se hubieran desperdiciado.
En el acto de presentación del proyecto han participado los consejeros de Empresa, Felip Puig; de Alimentación, Josep Maria Pelegrí, y de Bienestar Social, Neus Munté. Puig, ha hecho énfasis en la "grave" situación de pobreza que vive Cataluña, y ha alabado las dos cualidades que han "hecho posible este proyecto": solidaridad y emprendimiento. El consejero de Empresa no ha querido dejar la ocasión para lanzar un dardo al Gobierno central y ha achacado la situación económica de miles de familias al "déficit fiscal" que sufre Cataluña: "Este es un proyecto de país. Con autonomía fiscal y estructuras de estado propias, no tendríamos tantos problemas".
Munté, por su parte, no ha hecho reproche alguno al sistema fiscal del Estado y se ha centrado en este proyecto, que según ha dicho, "es un gran paso, pero no el último", delante del almacén donde el Banco de Alimentos de Barcelona guarda sus provisiones. Llenas las estanterías, una portavoz de la organización ha recalcado que todos los productos que allí entran salen el mismo día.
Con el acuerdo alcanzado, las empresas distribuidoras se comprometen a donar productos de forma continuada al Banco de Alimentos, que después reparte a 780 entidades sociales, para que estos los entreguen a los ciudadanos. "Ante una demanda creciente", ha explicado el representante de la Federación Catalana de Bancos de Alimentos, Antoni Sansalvadó, "nuestro objetivo es minimizar el desperdicio de alimentos". No en vano, en España se tiraron en 2012 más de ocho millones de toneladas de comida. Sansalvadó ha destacado que, gracias a la colaboración de más de 350 establecimientos, en los últimos doce meses han podido recoger más de 600.000 kilos de alimentos que se hubieran desperdiciado.
En el acto de presentación del proyecto han participado los consejeros de Empresa, Felip Puig; de Alimentación, Josep Maria Pelegrí, y de Bienestar Social, Neus Munté. Puig, ha hecho énfasis en la "grave" situación de pobreza que vive Cataluña, y ha alabado las dos cualidades que han "hecho posible este proyecto": solidaridad y emprendimiento. El consejero de Empresa no ha querido dejar la ocasión para lanzar un dardo al Gobierno central y ha achacado la situación económica de miles de familias al "déficit fiscal" que sufre Cataluña: "Este es un proyecto de país. Con autonomía fiscal y estructuras de estado propias, no tendríamos tantos problemas".
Munté, por su parte, no ha hecho reproche alguno al sistema fiscal del Estado y se ha centrado en este proyecto, que según ha dicho, "es un gran paso, pero no el último", delante del almacén donde el Banco de Alimentos de Barcelona guarda sus provisiones. Llenas las estanterías, una portavoz de la organización ha recalcado que todos los productos que allí entran salen el mismo día.
viernes, 19 de abril de 2013
La FAO promueve una campaña para evitar el desperdicio de alimentos
Cada año se pierden en todo el mundo 1.300 millones de toneladas de productos alimenticios.
Para ello, y junto con la Messe Düsseldorf GmbH -que organiza ferias comerciales- y la Interpack -una feria de envases y procesados- han invitado a nuevos socios del sector privado, así como organizaciones sin ánimo de lucro, a que participen en la cadena de suministro de alimentos. Han señalado que "las nuevas tecnologías, mejores prácticas, la coordinación y las inversiones en infraestructura, -desde la producción de alimentos hasta el consumo- son fundamentales para la reducción de las pérdidas y el desperdicio de alimentos".
La tercera parte de los alimentos producidos en el mundo para el consumo humano se tira o se pierde, así como los recursos naturales utilizados para su producción, según la FAO. Las pérdidas mundiales de alimentos y desechos en los países industrializados ascienden a aproximadamente 680.000 millones de dólares y a 310.000 millones en los países en desarrollo.
"Con 900 millones de personas que sufren hambre en el mundo y un billón de dólares en juego, la acción conjunta en la reducción de las pérdidas y el desperdicio pueden mejorar los medios de subsistencia, la seguridad alimentaria y reducir al mínimo el impacto ambiental", explicó el director de Infraestructuras Rural y Agroindustrias, Gavin Wall. Por su parte, el jefe de equipo de Save Food, Robert van Otterdijk, señaló que "incluso si solo una cuarta parte de los alimentos que actualmente se pierden o se desperdician en todo el mundo puede recuperarse, sería suficiente para alimentar a 900 millones de personas hambrientas en el mundo".
A pesar de que las pérdidas de alimentos se producen en todas las etapas de la cadena de suministro de alimentos, las causas y su impacto en todo el mundo son diferentes. Las pérdidas de alimentos en los países en desarrollo afectan sobre todo a los pequeños agricultores, donde casi el 65% de las pérdidas ocurren en las etapas de producción, post-cosecha y procesamiento, mientras que en los países industrializados los residuos de alimentos a menudo se producen a nivel minorista y del consumidor debido a la mentalidad de "usar y tirar".
martes, 9 de abril de 2013
Los yogures ya no caducan a los 28 días
Los yogures ya no caducan a los 28 días de ser elaborados. El Gobierno ha derogado la norma que establecía que los lácteos fermentados debían tener un plazo límite de consumo. Desde ahora —la derogación se publicó en el BOE el 29 de marzo—, las empresas decidirán qué fecha de consumo preferente dan a estos productos, una data que se definirá en función de las características del alimento, su envase o cómo se conservará. Esta fecha solo marca cuándo el alimento pierde propiedades de olor o sabor aunque sigue siendo seguro para el consumidor. Sin embargo, la medida, anunciada ayer por el ministro de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, Miguel Arias Cañete, dentro de una estrategia más amplia para frenar el desperdicio alimentario, no satisface a la industria. Los fabricantes de yogures piden conservar la fecha de caducidad para sus productos, aunque proponen ampliarla de los 28 días tradicionales a 35.
La medida que toca a los yogures trata de equiparar la regulación española a la del resto de países de la UE, donde solo se señala un plazo de consumo recomendado para estos lácteos. “Ya no habrá confusión para el ciudadano, que a partir de la fecha de consumo preferente deberá tomar su decisión”, dijo Cañete, que apuntó que el corsé marcado en 28 días para los yogures “originaba mucho desperdicio de un producto básico para la alimentación y de un grado muy alto de consumo”. El ministro hace unos meses aseguró que él mismo comía alimentos caducados sin ningún problema, sobre todo estos lácteos fermentados.
Los yogures eran uno de los pocos alimentos cuya fecha límite fijaba la ley. De momento, el Gobierno no se plantea reformar otras normas que definen o recomiendan plazos en los que los alimentos son aptos para el consumo (la fecha de caducidad marca el momento desde el que el alimento deja de ser seguro). Normalmente, solo la comida perecedera —pescado, carne, pastelería— está señalada con una data de expiración. Otros, como los embutidos, los quesos o las legumbres no caducan, aunque con el paso del tiempo pierden propiedades organolépticas; la concentración de azúcares y la baja actividad de agua que contienen los hace menos sensibles. Caso similar al del yogur, según los expertos, un producto lácteo en el que es difícil, si están bien conservados, que proliferen microbios y patógenos.
De ahí el cambio normativo. Una modificación a la que se opone la Federación Nacional de Industrias Lácteas (Fenil). Esta organización, que integra a la Asociación Española de Fabricantes de Yogur y Postres Lácteos Frescos —donde se agrupan todos los fabricantes que comercializan sus productos en España—, considera que las condiciones climáticas y de conservación de España hacen “más oportuno” mantener la fecha de caducidad, que apuestan por aumentar a 35 días, en lugar de un plazo de consumo preferente. “Creemos que la fecha de caducidad otorga más orientación al consumidor. Aunque la responsabilidad última es suya, los fabricantes consideran que en el mensaje que proporciona el plazo de caducidad es más firme”, dice Luis Calabozo, director general de Fenil. Las empresas no afirman que estos alimentos dejen de ser seguros pasado el plazo límite, aunque sí afirman que “aumentan las probabilidades de que se pueda sufrir algún problema en función de la conservación”. “Por eso, los fabricantes evalúan que lo mejor es la fecha de caducidad, prefieren dotarse de esa seguridad”, indica Calabozo.
La industria tiene esperanza aún de que sus reclamos se escuchen y de que la norma que moderniza la comercialización del yogur —que analiza ahora la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición— añada esa fecha de caducidad ampliada. Consideraciones aparte, Cañete precisó ayer que las empresas pueden empezar ya a etiquetar sus yogures con la nueva fecha.
Los consumidores recelan de la nueva medida. “Se nos pone cara de tontos al pensar que hemos estado tirando durante años yogures porque las autoridades imponían una fecha tras la cual su consumo no era seguro. ¿Ahora sí lo es?”, critica Rubén Sánchez, portavoz de Facua. “El sistema de fecha de caducidad ha beneficiado a la industria porque tras tirar estos productos el consumidor ha ido a comprar más”, añade. Facua duda, además, que pese a que este nuevo sistema teóricamente generará ahorro a las empresas eso repercuta en una bajada de precios para los consumidores. “Esta medida se vende como una fórmula contra el despilfarro, pero lo que el Gobierno debería hacer por encima de todo es sancionar a aquellos que tiren comida, a los que desperdicien”, dice Sánchez.
La de la revisión de las fechas de caducidad y consumo recomendado es solo una de las medidas que se integra dentro de la estrategia Más alimento, menos desperdicio con la que Agricultura busca frenar el despilfarro de comida. Los españoles arrojan cada año siete millones de toneladas de alimentos perfectamente válidos al contenedor, una cifra que el Gobierno pretende reducir a la mitad en 2020. Para ello reforzará el comercio de proximidad, redactará guías de buenas prácticas para consumidores y empresas, fomentará la aplicación de la tecnología a la conservación de los alimentos y se reforzarán los convenios con los bancos de alimentos para canalizar hacia allí los productos que aún son aptos para consumir.
Los fabricantes creen que se debería conservar la fecha de caducidad aunque apuestan por aumentarla a 35 días.
Los yogures eran uno de los pocos alimentos cuya fecha límite fijaba la ley. De momento, el Gobierno no se plantea reformar otras normas que definen o recomiendan plazos en los que los alimentos son aptos para el consumo (la fecha de caducidad marca el momento desde el que el alimento deja de ser seguro). Normalmente, solo la comida perecedera —pescado, carne, pastelería— está señalada con una data de expiración. Otros, como los embutidos, los quesos o las legumbres no caducan, aunque con el paso del tiempo pierden propiedades organolépticas; la concentración de azúcares y la baja actividad de agua que contienen los hace menos sensibles. Caso similar al del yogur, según los expertos, un producto lácteo en el que es difícil, si están bien conservados, que proliferen microbios y patógenos.
De ahí el cambio normativo. Una modificación a la que se opone la Federación Nacional de Industrias Lácteas (Fenil). Esta organización, que integra a la Asociación Española de Fabricantes de Yogur y Postres Lácteos Frescos —donde se agrupan todos los fabricantes que comercializan sus productos en España—, considera que las condiciones climáticas y de conservación de España hacen “más oportuno” mantener la fecha de caducidad, que apuestan por aumentar a 35 días, en lugar de un plazo de consumo preferente. “Creemos que la fecha de caducidad otorga más orientación al consumidor. Aunque la responsabilidad última es suya, los fabricantes consideran que en el mensaje que proporciona el plazo de caducidad es más firme”, dice Luis Calabozo, director general de Fenil. Las empresas no afirman que estos alimentos dejen de ser seguros pasado el plazo límite, aunque sí afirman que “aumentan las probabilidades de que se pueda sufrir algún problema en función de la conservación”. “Por eso, los fabricantes evalúan que lo mejor es la fecha de caducidad, prefieren dotarse de esa seguridad”, indica Calabozo.
España desperdicia siete millones de toneladas de alimentos perfectamente válidos al año.
Los consumidores recelan de la nueva medida. “Se nos pone cara de tontos al pensar que hemos estado tirando durante años yogures porque las autoridades imponían una fecha tras la cual su consumo no era seguro. ¿Ahora sí lo es?”, critica Rubén Sánchez, portavoz de Facua. “El sistema de fecha de caducidad ha beneficiado a la industria porque tras tirar estos productos el consumidor ha ido a comprar más”, añade. Facua duda, además, que pese a que este nuevo sistema teóricamente generará ahorro a las empresas eso repercuta en una bajada de precios para los consumidores. “Esta medida se vende como una fórmula contra el despilfarro, pero lo que el Gobierno debería hacer por encima de todo es sancionar a aquellos que tiren comida, a los que desperdicien”, dice Sánchez.
La de la revisión de las fechas de caducidad y consumo recomendado es solo una de las medidas que se integra dentro de la estrategia Más alimento, menos desperdicio con la que Agricultura busca frenar el despilfarro de comida. Los españoles arrojan cada año siete millones de toneladas de alimentos perfectamente válidos al contenedor, una cifra que el Gobierno pretende reducir a la mitad en 2020. Para ello reforzará el comercio de proximidad, redactará guías de buenas prácticas para consumidores y empresas, fomentará la aplicación de la tecnología a la conservación de los alimentos y se reforzarán los convenios con los bancos de alimentos para canalizar hacia allí los productos que aún son aptos para consumir.
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